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| LA FÁBULA DE LA ARAÑASe esta distribuyendo entre la plantilla un manual llamado “La Calidad en nuestra Oficina” que, como su nombre indica, se refiere a esa supuesta disposición que debemos de ofrecer a la clientela para conseguir estar entre las mejores entidades financieras del mundo mundial. Por primera vez, se trata de llevar un Registro de Quejas con un responsable del control y registro -el sufrido Subdirector-, en un modelo creado al efecto (Anexo VII) donde también aparece (cuidadin-cuidadin).......el supuesto autor que la provoca. Alguien debe de estar preocupado por las continuas broncas, pérdida de clientes y negocio, reclamaciones al Banco de España o CNMV, para editar en más de 30 hojas un manual donde se dicen las verdades de Perogrullo, pero sin analizar el porqué de las mismas. ¿Se han parado a pensar las causas reales de las interminables colas, de las comisiones por cualquier servicio, de los parones de la plataforma informática, de la falta de efectivo en caja, de las formas de vender debido a las presiones, de la escasez de medios humanos, de colocar productos no solicitados a la clientela, de,...? En este Banco, como en el chiste del barco y los remeros, cada vez hay más gente mandando, dirigiendo, controlando y menos remando. Pero ya que hemos hablado de chistes y fábulas os vamos a relatar una: Érase una vez una araña que con sus ocho patas tejía y se desplazaba. Un comité de sabios pensó ¿qué ocurriría si se le quitaba una de ellas? Dicho y hecho, le quitaron una pata y la llamaron: ¡Araña ven!.... y la araña fue. No transcurrió mucho tiempo sin que a otro se le volviera a ocurrir la brillante idea de quitarle una más. La volvieron a llamar: ¡Araña ven!... y la araña, con muchas dificultades, fue. Y así,... hasta dejarla con una sola pata. Entonces, la volvieron a llamar; ¡ARAÑA VEN!... y la araña se movía y se movía... pero ya no llegaba a desplazarse. El consejo de sabios se volvió a reunir y, después de mucho deliberar, llegó a la conclusión de que la araña no oía bien. ¡Estaba sorda! Después de las últimas prejubilaciones, que nos vengan a primeros de año con un manual de calidad, diseñado por algún “personaje” más preocupado por justificar su puesto (no creemos que sea de trabajo), que por parar la pérdida de mercado, sólo nos produce hastío y risa. Si quieren saber como es la calidad que actualmente damos a la clientela que se pasen por las oficinas y lo verán. Basta con preguntar a los que estamos en las trincheras. Comprobarán, entonces, que no es un problema de discapacidad física sino de un déficit escandaloso de medios técnicos y, sobre todo, humanos. |
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