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| CGS Boadilla: Luces y sombras al cabo de un año Transcurrido ya más de un año desde los primeros traslados y varios meses desde los últimos, creemos llegado el momento de hacer una valoración general sobre la situación en la CGS de Boadilla. Somos conscientes de que sería injusto por nuestra parte reflejar únicamente los aspectos negativos, pero también lo somos que los positivos se encuentran ya suficientemente glosados en la propaganda institucional interna y externa y, por lo tanto, no nos parece necesario mencionarlos aquí. Quien quiera conocer las innumerables maravillas de todo tipo de las que disfrutamos los habitantes de la CGS, puede acudir a los últimos números de la revista corporativa “Carácter”, conectarse a Verne o revisar cualquiera de los muchos artículos aparecidos en prensa. Esto para conocer las luces. En cuanto a las sombras, no nos queda más remedio que remitirnos a nuestras propias experiencias y las quejas y observaciones que nos hacen llegar los compañeros y compañeras que prestan sus servicios en tan singular centro de trabajo. Deficiencias en la construcción y puestos de trabajo Son muchas las observadas y denunciadas a lo largo de estos meses (goteras, cristales rotos, climatización deficiente…) pero tampoco en esto queremos ser excesivamente críticos, ya que en principio solamente nos preocupan las deficiencias que afectan a la seguridad y a la comodidad de quienes trabajamos aquí. Además todos sabemos lo que es la “obra nueva” en este país y los problemas que originan, también en el sector de la construcción, las prisas y los múltiples niveles de subcontratación (podríamos decir eso de “quien a hierro mata…”) En cualquier caso, si hay una deficiencia escandalosa, esa es la situación de ruina inminente en la que se encuentra el solado de las zonas exteriores. Si solamente fuera un problema estético nos importaría muy poco, pero son ya muchos los compañeros y sobre todo compañeras que han sufrido los efectos de las caídas originadas por el mal estado e instalación de las baldosas y nadie parece querer poner un remedio definitivo. En fin, será que solamente se han invertido del orden de 550 millones de euros y esas minucias se pueden perdonar, pero quizás muchas personas con lesiones serias originadas por este problema tengan otra opinión al respecto. Otra deficiencia que nos preocupa y que también ha sido denunciada reiteradamente es la existencia de cristales rotos en algunas claraboyas y el consiguiente peligro de caída de esos cristales sobre personas y zonas de trabajo. Creemos que si los responsables de Inmuebles no solucionan de una vez estas graves incidencias, los delegados sindicales de Seguridad e Higiene deberían actuar de forma inmediata y contundente. En este sentido, mientras la mencionada propaganda institucional ha vendido la excelencia en la configuración de los puestos de trabajo en CGS, la realidad ha venido a demostrar que no era para tanto. Basta darse una vuelta por algunos edificios para comprobar la pésima planificación con que se han realizado algunas reubicaciones, con la consiguiente acumulación de cajas y material diverso en zonas de paso, salidas de emergencia bloqueadas, mesas situadas en lugares inadecuados, reflejos luminosos incómodos y muchas más irregularidades originadas fundamentalmente, como decíamos, por las prisas y por una mala planificación. Desde aquí invitamos a los responsables de Inmuebles a realizar con nosotros una “visita guiada” para mostrarles in situ las deficiencias comentadas. Medio ambiente y despilfarro de agua Parece que para algunos el “respeto al medio ambiente” es solamente una cuestión de imagen que consiste en poner un poco de verde aquí y allá y en difundir a los cuatro vientos sus preocupaciones pseudo ecológicas, pero la verdad es que cualquier organización ecologista de verdad se escandalizaría ante la cantidad de barbaridades que se cometen a diario en la CGS. Por ejemplo, no vemos trazas de respeto por el medio ambiente en el hecho de mantener un campo de golf tan enorme como inútil hasta ahora (salvo para las ilustres personalidades que, según se comenta, lo utilizan los fines de semana), en medio de una zona de estricto secano cual es el entorno de Boadilla. Y por si esto fuera poco, en general se malgasta agua continuamente regando a horas inadecuadas, inundando zonas de forma innecesaria o directamente rociando durante horas las baldosas para comprobar si hay filtraciones. La verdad es que nos importa poco si el agua proviene de supuestos pozos, es reciclada o simplemente agua del grifo ya que, en cualquier caso, el despilfarro existe de forma evidente y el agua, como tal, es un bien escaso independientemente de su procedencia. Nos hemos dirigido a Relaciones Laborales mediante la carta que podéis leer en Verne-Información-Portal del Empleado-Te Interesa-Comunicados Sindicales-CGT, y hemos solicitado explicaciones sobre esta situación que nos parece injustificable, pero como podréis constatar por la respuesta que también se reproduce en dicha sección, parece que Relaciones Laborales opina que no es un problema de los representantes sindicales. Nosotros creemos que sí lo es y, por lo tanto, continuaremos insistiendo ante quien corresponda. La trastienda real de la CGS Para nosotros, la CGS es fundamentalmente un estandarte mediático diseñado con el objeto de presentar internacionalmente una imagen corporativa que, en muchos casos, dista bastante de la realidad. Porque a fin de cuentas y vista desde dentro, no todo es de color de rosa ni mucho menos. Mientras se habla de “costes planos”, se despilfarra en chorradas espectaculares que no hacen ninguna falta pero que parecen aportar un valor añadido a dicha imagen: letreros luminosos en la dársena de autobuses informando de los horarios de entrada y salida, terminales-kiosco con pantalla táctil y acceso a internet distribuidos por todos los edificios, enormes monolitos visibles a varios kilómetros de distancia y visitas guiadas para accionistas dos viernes al mes. Todo eso mientras se ajustan al máximo las plantillas y se externaliza una parte importante de los servicios. Y es que, de entrada, para la mayoría de los empleados y empleadas, la CGS va a ser (o ya está siendo) el trampolín para la segregación de sus funciones a otras empresas del grupo. Ese es uno de sus objetivos principales: el Área de Tecnología se encuentra en pleno proceso y todo parece indicar que esto no ha hecho nada más que empezar. Se trataría de separar al personal que se considera “desechable” (en su inmensa mayoría, personal administrativo y técnicos de nivel medio con una procedencia y formación determinadas) de una elite directiva adiestrada en la aplicación más rigurosa y estricta del neoliberalismo financiero y en el desprecio más absoluto por los derechos laborales propios y ajenos. Esta elite sería la encargada de llevar a cabo la reconversión de la estructura empresarial del grupo Santander consistente, como decíamos, en segregar la mayor cantidad posible de actividades a otras empresas (en su mayoría, propiedad 100% del grupo) y forzar a las personas afectadas a aceptar una reducción considerable de sus derechos laborales y económicos o, en caso contrario, iniciar un proceso de reubicación sobre el que permanentemente planeará la sombra de la baja incentivada o incluso el despido. El siguiente paso, una vez externalizados los servicios, será sin duda su deslocalización (reclamada por el Sr. Sáenz en todos y cada uno de los foros en los que tiene ocasión de expresarse) preferentemente a países de Latinoamérica, cuyos costes laborales son considerablemente más reducidos. Difícil situación, en fin, con unos sindicatos mayoritarios convencidos de que el sindicalismo reivindicativo, tal y como se venia entendiendo, ya no tiene cabida alguna al menos en la banca y mucho menos en el Banco Santander, donde la segregación va a acabar por reducir su incidencia hasta mínimos inapreciables. En esta coyuntura, parece que dichos sindicatos han optado por la posición que mejor les permite el mantenimiento de sus estructuras, aunque dicha posición implica un nivel cada vez mayor de aceptación e incluso de connivencia en decisiones empresariales que perjudican claramente a los trabajadores y trabajadoras del grupo. En nuestra opinión, el Acuerdo CGS es un ejemplo muy claro de esta situación, eso por no hablar del último Convenio de Banca o de escenificaciones delirantes, como la constitución del Comité de Empresa Europeo. Pero, seamos justos, la culpa de todo no la tienen los sindicatos, ni mucho menos. Poco pueden hacer cuando, hasta ahora, la mayoría de las personas afectadas por los procesos de segregación aceptan de forma voluntaria y prácticamente sin rechistar la importante reducción en sus derechos que supone la externalización. La CGT, en numerosos comunicados, ha apostado por una posición de rechazo activo a este proceso que, insistimos, no reporta el más mínimo beneficio a los afectados, si bien entendemos que muchos compañeros y compañeras que quieren continuar haciendo el mismo trabajo y no desean iniciar un rosario de reubicaciones con final indefinido, acepten las condiciones que se les imponen. Desde nuestro punto de vista, a un proyecto empresarial de esta envergadura y tan nocivo para nuestros derechos laborales, solamente se le puede hacer frente desde la unidad sindical y con el pleno respaldo de los trabajadores y trabajadoras afectados. Ese es el único camino y seguiremos insistiendo. |
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